Erizos de mar y muertos vivientes

Luz a luz, sobre la pizarra, tiza tras tiza se forma el borrón

Mis huesos están rotos de tanto rozar el abismo

Rojava y sus constelaciones fijan su posición en las murallas

La concupiscencia de miles de cerillas encendidas

me violentan hacia el éxtasis incólume de la verdad:

mi vida no vale nada, sólo la historia es importante.

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Tener la lengua rota es una forma de expresión soterrada

que puede estallar en cualquier momento.

Joder, joder, joder, dónde estoy, la leche.

Todos esos muertos vivientes son escalones pedregosos,

lapidados por la rabia de una frase incomprensible

para la mayoría de las almas.

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Soy un cadáver más en el camino del éxito compartido

Pero el sol llega por la carretera

y, quizás, no es el final si no quiero aceptarlo

Paroxismo de transhumancia y sí, y si fuera, sí

Tengo arena en los zapatos y ni siquiera dejé

las calles desoladas de vagabundos incuestionantes

Ya pensaré mañana en los erizos de las rocas de arrecife

Dejo, claramente, para otro momento

la suma o la multiplicación de las persianas a mi alrededor.

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La bestia y el hombre, y digo hombre como si de una bestia se tratase

Yo no sé lo que es pensar si me ofreces probar

la vinoteca milenaria del cansado rotar

Te entiendo, pero, por favor, muere tú por mí.

En el último instante, cojo las joyas y me largo

como todos los cuervos que silbamos melodías que no son más que melodías,

pentagramas desarmados, impregnados de nido, desatados en grilletes,

pegadizos y, a la vez, levitantes como el humo de un vehículo que no frena nunca,

como de su destrucción condenada a evitar, a evitar,

a levitar evitando las nubes de polvo violeta.

Erizos de mar y muertos vivientes.

La lluvia de afuera

¿Cómo no van a llorar si siento el metal tan cerca y en todas direcciones?

Es lógico, juegan sin saber, desconocen las consecuencias de levitar

y, además, claro que juegan si justo enfrente existe la prueba

de que no están solos en la ingenuidad

y de que las manos pequeñas son atributo de muchos más seres

Los ojos abiertos hasta el final, borrachos de amarillo propaganda

Dejaron, se fueron, regreso al páramo donde me quedo desnudo a esperar el azufre

Soy yo y nadie más que yo, excepto tú quizás.

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La lengua germana es fea y densa como una habitación estrecha y sin cortinas,

prefiero una cueva morada de mil noventa murciélagos, rabiosos, xenófobos

Es ahora, cuando siento que mi bello facial se blanquea

y más necesito que salgas del río y me soples en la oreja: respirar.

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La ventana es irrompible, qué demencia

si me oyeran, estampados en los Alpes , al diablo con todo.

Se pudre mi piel bajo el elenco de máscaras que ningunean mi voz

Piensan que puede llamarse alimento o nutriente a todo lo que llega envasado,

resalta el eslogan lejos del aroma y nada tiene que ver con el momento

en que visto el pijama y veo vapores trepar de un crisol a la nada

y de vuelta al pijama.

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No lo saben, pero me siento como el busto de un guerrero

con mi cuchara de madera y generacional

Ya conocen, mi abuela y la abuela de su abuelo

Recuerdo el color humeante y que solía cerrar los ojos.

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Joder, esta distancia en mis hombros capada,

falta de libertad, no lo entiendo, tres puntos, qué demonios.

Parece que sólo me queda intentarlo.

Se ríe un bebé ante la mano de un extraño. Ahora sólo veo media mano.

Soy yo nadie más que yo, excepto tú.

Feliz Navidad/Ruedas

Morir, morir, morir,
para vivir más fuerte
morir para perder la piel, la carne y el hueso
sonríen por las mañanas, no dudan, los muertos
pero morir, ay, no gusta si se trata de morir

te maquillan por encargo, trabajadores explotados,
te maquillan con tiritas en los dedos,
con vendas en las fosas nasales,
te maquillan, te maquillan
no saben que respiras, que estás sumergido,
hundido en la crema que extienden tus manos
hasta dejar una fina capa de cristal y reflejos

Estoy tan cerca del núcleo, me siento morir,
protege mi esfinge, vienen aquellos que quieren matarme,
camino tan lejos que no sabría qué hacer hasta el último instante

El muerto es quien toma la forma del barro,
mis poros, esquirlas de visión tras visión,
pensamientos troceados en cuentos cardiacos,
la tela meliflua, flexible, dispuesta a torcer el rumbo del tiempo, me ampara…

Invertir en verde para no gastar en negro

pinos-2-ramon
  • El último incendio en La Palma de Canarias deja quemadas más de 4.800 hectáreas, el 6,8% de la superficie de la isla

  • La Palma es el resultado de más de 2.000 años de fuego y pastoreo, pero las llamas han estado presentes en su superficie desde que la erupción de los volcanes la vieron nacer. Hoy en día, la acción antrópica ha hecho de los incendios un fenómeno recurrente que se ve agravado por la falta de recursos para combatirlo en el ámbito insular y el desarrollo de un modelo socioeconómico que genera grandes cantidades de biomasa, lista para entrar en combustión

Ha sido un año muy caluroso. La brisa tórrida de un verano asfixiante alimentó las llamas de los grandes incendios que se dieron en varios puntos de la península y en el ámbito insular. Uno de ellos, quizás el más cruento de todos, azotó la isla canaria de La Palma durante seis días, hasta que fue estabilizado por los equipos de extinción. El 3 de agosto, un muchacho alemán quemó los trozos de papel higiénico que había utilizado tras defecar en el bosque, los cuales, junto a diversas circunstancias, iniciaron y extendieron los focos de una de las catástrofes más importantes que ha sufrido el archipiélago en los últimos años. El resultado ha sido nefasto, ardieron más de 4.800 hectáreas de superficie, un agente de medio ambiente, Francisco Santana, falleció y casi 2.500 personas tuvieron que ser evacuadas por causa de este incendio de gran intensidad que afectó, principalmente, a los municipios de El Paso, Fuencaliente y Villa de Mazo, y del que aún quedan algunos restos activos bajo el suelo de los pinares palmeros. Sigue leyendo