Otra vez, tu premura

No quiero dejar de bajar a la escuela,

con el camino, con sus palmeras, espera, crucemos,

No quiero dejar de pensarte ni olvido tener esperanzas de puntualidad,

mi gen recóndito e inexpresivo

No pienso dejar de encontrarme contigo, a primera hora de la mañana,

los sábados por la tarde, a tercera hora de la noche…

Que si Caperucita no sabe saltar de dimensión

y es una pena porque Pulgarcito se siente tan sólo

Esquema de misoginia a la hora de comer, de planchar y antes de dormir

Pero Hansel cuidando del lobo feroz, pero Gretel con camisa de cuadros

Pero ella descuida una luz, en el pasillo, encendida

No dejes, cuando vuelvas, de arrastrar los pies por el camino,

gravoso, con los libros, una hora, tres minutos, luego otra

Te llevaste el alemán y, ahora ya, no vale la pena aprenderlo

No sabía apenas nada de las norias, el agua y la madera

hasta que atesoré tus manos de gigante, tu traje de ogro irlandés y,

claro, después, la hierba mojada en la noria, tu mano gigante

Pero te descuidaste, la luz, ¿recuerdas?, apagada en tu pecho

Pero yo zarandeándote, tú chutando gravilla, yo gritando,

tú fuera, tú fuera del tiempo y me pregunto si ello tendrá sentido para ti.

Ello.

No sé si podré acostumbrarme a la existencia de ello, si es que existe

Yo quería que dejaras la luz encendida pero eso también es tarea de la otra

Ahora me dejas una caja de cartón, una lupa del siglo pasado,

papeles con notas, dolor, pequeños deseos

Tu cuerpo, desnudo y hermoso

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