Del otro lado

Tan altas como las montañas,
qué coño? Más aún,
porque te oigo,
como un murmullo disperso, untado sobre la herida…

Y es que el tiempo ha pasado, joder
como los ejércitos por mi paciencia,
llegué a creer que habíamos perdido,
aunque te miento,
las primaveras no llegan en invierno
eso es algo que tendré que asumir…

Las baldosas de París tienen, ya por fin, un refugio,
no queda suelo y percibo que tu ingravidez es mi ingravidez,
al igual que recibo tu sonrojo en arrebatos
y la escarcha pirenaica hiere mi piel,
que se arranca para visitar todos los rincones del planeta

Revolotear entre las antorchas antropomorfas para dejar de ser en soledad…

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