Ermitaños

Este manto blanco,
de luz apagada,
diminuto, me desangro,
cascada menguante,
pero esta sangre es miel
y recorre el asfalto como un
torrente de cerezas desquiciadas

Dulcemente aplastado,
hay un hueco en la pared,
veo tu mano,
arranco mis ojos y los lanzo
en persecución de algún tobillo distraído
mis brazos empujan, mas nada sucede
en este cofre de hiriente magnetismo

Todo es blanco como el calor más ardiente,
blanco como un escudo de luz
o como la nube comprensiva que se arrodilla a escuchar

Todo es blanco y las farolas son castigos
cuidadosamente colocados

Aplastado, duermo ahora para siempre

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