TTIP, el gol definitivo a la democracia

Por Evagar Agar

A una semana de las elecciones generales, para muchos y muchas una de las más decisivas de la historia de este país, y de las más imprevisibles en sus resultados, ya no electorales sino políticos y a largo plazo. Las elecciones pueden ser un fraude para mucha gente que ha visto sus demandas frustradas voto tras voto, y aún soportando el ejercicio quasi democrático de asumir los resultados mayoritarios, el gobierno español ha dado varias lecciones de sinsentido social, democrático, ambiental y ético estos últimos años.

Nos han metido muchos goles por la escuadra: el impuesto al sol, en la ribiera soleada de Europa; el rescate a las entidades financieras privadas e irresponsables; los continuados recortes en los sectores más fundamentales de la sociedad; la directiva europea de combustibles fósiles no convencionales, cediendo finalmente a los lobbies del crudo y no diferenciando entre técnicas de extracción más contaminantes y peligrosas como el fracking, asumido como potencial generador de seísmos, infiltraciones de agua contaminada químicamente en aguas freáticas y acuíferos, y más vía libre a la especulación con las últimas reservas de oro negro del Planeta; la introducción bajo manga de nuevos transgénicos en la Unión Europea; la penosa reforma educativa del ya histórico ministro Wert, etc.

Y el caso es que entre tantas desfachateces y destapes de más tramas de corrupción, llevan ocultando y maquillando con sibilina cautela algo mayor todo este tiempo, algo que nos afecta definitivamente bajo el etiquetado de Tratado de Libre Comercio. Este nombre no nos tiene por qué sonar, y si lo es tampoco tiene por qué sonar mal; todas ellas son palabras que pueden parecer positivas, pero en su conjunto componen el arma definitiva contra la sostenibilidad ecológica y la dignidad social.

Los tratados de libre comercio como el TTIP en el caso del pacto, aún bajo negociación, entre la Unión Europea y Estados Unidos, suponen de base la pérdida de soberanía de los gobiernos estatales, regionales y locales frente a cualquier empresa lo suficientemente grande como para demandar a estos gobiernos si interpretan que una normativa emitida por ellos influye de manera negativa a sus beneficios presentes o futuros, mediante un tribunal de arbitraje especial para este tipo de disputas; este blindaje de ganancia para las multinacionales recibe el nombre de ISDS o ICS, siendo además un mecanismo unidireccional, es decir, que solo la empresa puede demandar a la institución y nunca al contrario.

Estos diezmos de beneficio podrían derivarse, por ejemplo, de una regulación más estricta en la cadena de seguridad alimentaria, poniendo la responsabilidad sobre las empresas de comprobar antes de la comercialización que su producto es totalmente inocuo para la salud pública y ambiental, como hasta ahora vienen garantizando el principio de precaución, la normativa REACH para sustancias químicas y el seguimiento de la trazabilidad de alimentos llamado “de la finca al plato” en Europa.

Los tratados de libre comercio como el TTIP, pero también TISA, CETA, TPP, buscan liberalizar las barreras para el comercio en todos los sentidos, siendo estas barreras precisamente nuetras salvaguardas como ciudadanos, ciudadanas y seres vivos de un entorno físico finito y ya en un equilibrio bastante precario.

Lo llaman ‘armonización regulatoria’, y significa que se igualarán las normativas a ambos lados del Atlántico al menor exponente, las menos exigentes, las menos protectoras para todas las personas que no formamos parte de cúpulas empresariales y lobbies, aunque parezca de ingenuos pensar que el cambio climático no llegará a las puertas de sus mansiones.

Si no nos han informado de todo esto lo más reductible es pensar que no debe de sernos tan beneficioso (de hecho las cifras de los propios informes de la CE no pronostican más de un 0.5% de ‘crecimiento’ anual en la Eurozona con la implantación del TTIP).

Lamentablemente, los medios de comunicación en este país están copados por otro tipo de información, de modo que nuestra petición para tí es fácil, votante (o no): infórmate por tí mismo o misma y pongamos entre todas y todos las cosas en su lugar. En el parlamento no deberían haber representantes que anteponen el crecimiento puramente económico y desigual a sus propios votantes, a su salud y a su futuro y el de sus hijos e hijas.

Estas elecciones son una oportunidad para elegir con rigor quien nos debe representar en el parlamento, quien debe tomar las siguientes decisiones frente a la troika europea y tomar un camino alternativo a la estafa del sueño capitalista, o simplemente nos quedaremos sin lugar en el que soñar.

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