Éxodo Rural

  • La V Trobada per la Terra, se celebró en Xaló los días 6, 7 y 8 de marzo, ‘Pongamos la vida en el centro defendiendo el territorio’

Íbamos cuatro activistas, el maletero repleto de petates y un impulso irrefrenable por la aventura, que alzaba su mano amable desde el horizonte. Creemos en la humanidad, en la tierra y en la Tierra, en la superación de la dominación, en el entendimiento universal y otras tantas ideas que, aunque algunos dirán rozan la locura, dejan su estela de aire fresco allí donde habitan y enriquecen el suelo que pisarán futuras generaciones. Desde luego, otro mundo es posible e incluso real, y a ello íbamos, a comprobar una vez más que la utopía no es baladí, y es que vivir es condición para soñar y viceversa.

La V Trobada per la Terra es un encuentro que organiza la Plataforma por la Soberanía Alimentaria y se celebra cada año en una localidad del Pais Valencià, esta vez, bajo el rótulo de ‘Pongamos la vida en el centro defendiendo el territorio’. La cita fue en Xaló, un pueblo pequeño y encantador situado en el noreste de la provincia de Alicante. El evento convoca a muchos actores del mundo agrícola: productores, consumidores y asociaciones en defensa del medio rural. Con estos ingredientes, la Trobada alberga en sí misma un espacio para compartir experiencias, ideas, aspiraciones, la más mínima visión que atisbe un mundo más ecológico y solidario tiene cabida.

En la búsqueda de nuestra humanidad, toda voluntad de amar deposita su agradable perfume en la agitación de las cortinas, todas juntas en un peregrinaje libre de simbolismos vacuos e impregnado del deseo de comprender en lugar de prejuzgar, de empatizar en lugar de vagar como timoratos de la supremacía, de desligarnos de los cimientos de hormigón, de la suela del zapato y tocar con la piel la Tierra que nos rodea en lugar de pisotear con aires de grandeza.

Peregrinaje en el que varias organizaciones de carácter subversivo frente al sistema económico actual y sus contradicciones se dieron cita. Al fin y al cabo, la Trobada se constituye como un foro de acciones y reflexiones que busca allanar el camino para que las comunidades sean autosuficientes, mantengan la soberanía alimentaria y puedan elaborar democráticamente sus propios modelos de desarrollo.

Y además, por si fuera poco, en esta travesía del agrocuidado, el Mercat de la Terra coincidió en perfecta sinergia con estas jornadas. Este evento es un ágora del comercio justo y de cercanía donde, cada mes, por iniciativa del pueblo y el ayuntamiento de Xaló, productores y consumidores confluyen. Pequeños productores que encuentran un nicho económico donde ofrecer sus delicias sin la presión inmisericorde de las exigencias del todopoderoso y nadaescrupuloso mercado. Consumidores que conocen la procedencia de los productos que adquieren, que se mezclan en el exótico entorno y se empapan de la honestidad de los intercambios culturales y materiales que surgen con la gracia y la espontaneidad que sólo la tolerancia puede suscitar.  

Comienza la travesía 

Ante nosotros se erigía una miríada de viviendas de escasa altura, modestas, con algunos tejados del color del azafrán. Llegamos a la biblioteca, que es colindante al polideportivo, y al dejar el coche, ya había algunos grupos de personas que parecían más o menos impacientes a la espera de estrenar Trobada. Sobre la superficie del encuentro burbujearon conversaciones aleatorias y algunos primeros contactos.

El primer evento destacable fue la presentación de las jornadas,  una exposición de proyectos locales de éxito vinculados a la filosofía de la Trobada, mercados de la tierra y pequeñas transformaciones. Con la sucesión de los relatos y las difíciles aventuras, uno se percataba de la destreza circense que se necesita para mantener el equilibrio en un mundo de tensiones culturales y hegemonías de todo tipo. La elaboración de la conciencia local, de las relaciones cooperativas y del respeto ecológico, es una tarea de artesanía social que requiere una serie de convergencias que no siempre se citan a la vez.Foto 2

Por un lado, es necesaria la voluntad popular de generar cambios que suponen explorar lo desconocido o, más bien, lo olvidado; este despertar es condición sine qua non para el caldo de cultivo de un proyecto de transformación agroecológica. Pero claro, y qué decir de una organización que consiga dar forma a las aspiraciones de las comunidades, personas dispuestas a implicarse y una serie de mecanismos que engrasen la maquinaria. En este punto de enorme importancia, entra en juego el papel institucional: no es lo mismo tener amigos que enemigos en los ayuntamientos. No tiene absolutamente nada que ver, unos disponen los espacios y caudales necesarios para el desempeño de las tareas y la celebración de los acontecimientos colectivos, otros contraatacan con eventos paralelos, propaganda y toda clase de artimañas, unos apoyan y otros condenan temerosos con inquina.

Por eso, las exposiciones de los proyectos de emancipación rural que tuvieron a bien abrir sus puertas a la Trobada acuñaron algunas consideraciones en los asistentes: el pueblo es la cascada, la fuente de todo cambio, el diamante en bruto, el pueblo organizado es motor creativo y activo… y un poco de ayuda institucional es como una cantiplora en medio del desierto, si es que no llega con intereses espúreos.

Tras estas lecciones de futuro en la que todos hemos aprendido, nos dirijimos a la biblioteca del pueblo para compartir en la cena la comida que hemos traído, como hacían las primeras comunidades cristianas y tantos antes y después de ellas, para después asistir a un cinefórum y a una obra de microteatro. A continuación, cerramos las persianas y nos fuimos a descansar pues el Mercat per la Terra prometía ser fabuloso.

Nudo de esperanza 

Abres los ojos y lo primero que ves en ese enorme gimnasio es la cara disciplinada de un guerrero de asia oriental, que vela por el joven que busca el secreto de las artes marciales. Te desperezas, te aseas, te vistes, recoges, abres la puerta y recuerdas que hoy hay una fiesta ahí fuera.Foto 3El Mercat per la Terra de Xaló se descubrió tras una esquina que da paso a la plaza central del pueblo y a la calle que la sigue, allí se hallaban decenas de puestos que ofrecían una diversidad notable de productos de procedencia ecológica: jabones, perfumes, conservas, verdura, repostería, dulces, artículos de decoración, complementos… parece el catálogo de una planta de unos grandes almacenes pero, desde luego, nada más lejos de la verdad. Con estos tiempos que corren, el mercado aquél de aspecto humilde recordaba más bien a una farándula mercante, con el exotismo propio de los antiguos habitantes del mediterráneo. El espectáculo cobró vida, burbujeaba actividad, y qué más se necesita para sentir el deseo de entrar.

Idiosincrasia y variedad, aquí uno prueba bocados de manjares que nunca supo forman parte de la tradición de la tierra que acoge su vida. Pero este mercado no es sólo un intercambio honesto y vigoroso de recursos, también es una explosión de relaciones sociales pero, sobre todo, horizontales. Visitantes de lugares inesperados, gente que ríe, que canta, que habla, que danza, más gente que nunca. Muchos de los presentes ya habían sido partícipes de otras actividades similares o del mundo de la agroecología, exquisita selección de experiencias, a la hora del trueque de miradas, las diversas visiones de este mundo, algunas más individuales y otras más colectivas, se entrecruzaron como la vida silvestre. Comentarios sobre hazañas imposibles, relatos de batalla y resistencia civil, proyectos que rinden culto a la naturaleza, comunión de tareas, asambleas, odiseas hacia oriente y occidente, selvas y poblados remotos, riqueza urbana del submundo, convicciones inconcebibles, ermitaños, sabidurías de vete tú a saber dónde, … música y teatro, pintura y literatura, y mucho más.

Después, tras la lectura del decálogo por la soberanía alimentaria (mandato popular y terráqueo), a partir del medio día se dieron numerosas actividades entre las que se incluyeron varios talleres. Por un lado, se proyectó el documental ‘Dues flors per a un cavallet’, una historia real sobre la tenacidad de los que, ante el rechazo y el agotamiento de los imperativos mercantiles, plantean otros caminos, de diferentes colores, de diversos destinos, en búsqueda de la vida y de la libertad que eso implica con modelos de autoabastecimiento y de producción alternativos, escudriñando las sinergias con el planeta en alianza con la biodiversidad.

En otro lugar, al fondo del pasillo, un pequeño cartel sobre media hoja de libreta anticipaba: ‘TTIP: Tractat Transatlantic de Lliure Comerç e Inversions’. Dos ponentes de Ecologistas en Acción explicaron las sibilinas y severas intenciones de la pérfida oligarquía occidental con la irrupción en el conocimiento popular de la llegada de tres perversas herramientas: TTIP, CETA y TISA. Parecen drogas de diseño, y así debieran ser, pues el impacto de estos tratados internacionales de comercio y inversiones será devastador. Los TLC, o tratados de libre comercio, son acuerdos regulatorios y legislativos que se elaboran en favor de las grandes compañías transnacionales, un blindaje normativo de las ganancias de los mayores inversores que denigra la soberanía de los pueblos sobre su derecho a la autodeterminación y profundiza en la actual tendencia hacia el ordoliberalismo, todo a favor del capital. De esta manera, se irá profundizando en la desregulación laboral y ambiental y en la degradación de la seguridad alimentaria, la protección social y los derechos ligados a la información y al conocimiento. Muchos de estos tratados han dejado a las poblaciones de las regiones afectadas en situaciones perentorias (véase el NAFTA) e impuesto el anatema extractivista e irresponsable de la explotación y destrucción de la biodiversidad, todo sea por su lógica económica, que nada tiene que ver con una gestión cabal e igualitaria de los recursos disponibles.

En estos momentos, Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros, están impulsando tres tratados multilaterales de libre inversión y cada uno de ellos es una bomba segadora destinada a erradicar las aspiraciones de la humanidad, a saber, la libertad de los pueblos y el respeto por la naturaleza que nos brinda su aliento. TTIP, CETA y TISA son las tres bestias del esoterismo financiero que tanto anhela la dominación a costa de la vida y de todo lo demás. Los contenidos son ambiguos y tediosos, todo lo que tenemos son unas cuantas filtraciones, que son más que suficientes para ponerlas en contraste con la realidad y sus cicatrices para vaticinar el desastre, la red está fecunda de información subversiva por si una sintiese curiosidad por el futuro. Al final, los asistentes a la charla quedaron atónitos, siempre son más poderosos e infames de lo que pensábamos, siempre hay algo más, por eso cada vez somos más, simple aritmética. Y así es, la inquietud por la rebelión surgió una vez más, cristalizada en algunas de las preguntas y propuestas que las presentes pusieron en común. Un pasito más en esta engorrosa y dilatada lucha de clases que nos ha tocado vivir.Foto 4

Más tarde, una vez el sol hubo rebasado con creces su punto más alto, se organizó el ‘dinar al mercat’, alimentos que saben mejor sazonados de comunidad. La luz del día era incesante y algunos tanteaban desde la sombra la frontera que marca el astro rey, con la cabeza hacia atrás, con el sudor en las paredes. Pese a todo, el perfume que llegaba desde los puestos del mercado, evitaba la asfixia, estimulaba el diafragma y evocaba los aromas del creciente fértil, al menos, eso pensamos algunos.

Nudo de acción 

Con el estómago lleno y un café para evitar las exigencias de la siesta, tomamos dirección hacia el taller de ‘Ecofeminisme i defensa del territorio’, dejando atrás, muy a nuestro pesar, otros dos encuentros dedicados a los canales cortos de comercio, colaboración e intercambio y a la reunión comarcal de la Xarxa de Entitats valenciana.

Antes de llegar a la biblioteca municipal, nos topamos con un excéntrico trastero, una casita ocre salpicada en sus cuatro costados por toda clase de objetos fabulosos, añejos artefactos que rezumaban óxido y piezas inexplicables que, sinceramente, nunca sabremos si sirvieron para algo. Fue hermoso admirar bajo el sol el fulgor ambarino que desprendían las formas en tropel de aquella especie de bazar gitano que mostraba su nostalgia por lo obsoleto: tres cuadros de bicicletas herrumbrosas colgadas en la puerta,  candiles extinguidos y farolillos amontonados en las orillas de la escalerilla de la entrada, electrodomésticos decimonónicos, capas estratificadas de polvo y sedimentos de extraña composición, correas, leña fosilizada, muebles desvencijados y otros artilugios que, en conjunto, eran mucho más que un reflejo de algún zoco olvidado en su erosión.

Dejamos atrás un espejismo que regresará en otras ocasiones de la travesía y tomamos rumbo hacia el taller de ecofeminismo, donde un colectivo variopinto reflexionaba sobre el papel de la mujer en ésta, nuestra revolución. Discutir sobre la feminidad es, sin duda, una tarea pendiente de la sociedad, además de integrar concepciones y emociones que, en muchos sentidos, desafían la historia y la esencia de nuestras certezas y nos urgen a desordenarlo todo con el fin de obtener otra cosa. De esta forma, y con la alquimia adecuada, fraguamos las condiciones para detener la voraz orgía de codicia y desenfreno que arrasa nuestras tierras y todo lo que importa. Hace falta mucha paciencia pero se hace camino al andar.

Lo mejor fue, sin lugar a dudas, la comunicación transoceánica, impresionante. Pudimos establecer contacto con dos mujeres activistas de Perú, guerreras de la lucha indígena por los derechos humanos y el planeta, con un brazo dedicado a los cuidados y el otro entregado a la batalla, con el puño en alto. Ellas, mejor que nadie, entienden las consecuencias del capitalismo imperial, allí en sus casas remotas y hundidas en la exuberancia de la selva son más conscientes de lo que está en juego, conocen muy bien el carácter de su enemigo porque han visto como todo se desmoronaba a su paso. Así, con la mirada puesta en sus antepasados y en las formas de vida que las guardan, revelan su impulso acérrimo contra la iniquidad del colonialismo que llegó para quitarles sus casas, sus familias, sus cultivos, su alimento, sus tierras, su dignidad y sus vidas. Mantuvimos la respiración y escuchamos atentamente sus reflexiones y experiencias, llegando a la certeza de que no lo permitirán mientras les quede sangre en el alma.

Una historia de revueltas, de victorias y derrotas populares, siempre es tan cruda como la pasión que la narra. Y allí estábamos, sentados y boquiabiertos. Muchedumbres indígenas que ocuparon las calles para recuperar el agua que había sido mercantilizada y arrebatada por las multinacionales. Algo tan básico en liza, así son las cosas en la periferia del orden geopolítico. Una infamia de tal calibre, que dejaba la tierra estéril y llenaba las ciudades de esqueletos infantiles, no podía suscitar otra respuesta que la más enérgica por parte de las hijas del planeta que lucharon con tenacidad por su derecho a existir en libertad.

También hubo, según relataban las compañeras del otro lado del charco, una extensa variedad de manifestaciones y acciones de protesta y resistencia ligadas a la protección del territorio, la pugna por las zonas de cultivo ocupó buena parte de la apuesta de las grandes compañías agroindustriales que imponían el modelo de los grandes latifundios de monocultivo que acababan con la riqueza del suelo y con el sustento de miles de campesinas y campesinos. Enajenación ilegítima y miríadas de palma y soja, y cada vez menos selva amazónica, cada vez menos especies, cada vez menos. Otra batalla que sigue generación tras generación en el día a día de las comunidades indígenas, estoicas en su perseverancia.

En un momento dado, y con previo pero repentino aviso, una voz joven y femenina se mostró del otro lado, no debía de llegar a la mayoría de edad pues allí la juventud termina antes que aquí. Su tono era ardiente y su discurso vehemente y esperanzado. Empezó a hablar sobre la conexión de las gentes con los ecosistemas, de la lucha de clases internacional, de la unión de las mujeres del mundo, del carácter unitario de los frentes de emancipación, de decrecer para vivir mejor, del sentido de la vida y de todo lo demás. Cabía más coraje y sensatez en esa adolescente de ultramar que en cualquiera de los occidentales conformistas que nos reuníamos a su alrededor como si de una hoguera de lucidez se tratase, allí, en medio de la oscuridad de las farolas. Al despedirse, todos sentimos una nostalgia casi inmediata, fue un viaje alucinante, son personas libres y no tienen miedo.Foto 6

A continuación, se dispusieron una serie de juegos de análisis y comprensión, rompecabezas sobre las jerarquías dominantes para desatar las cavilaciones fundamentales acerca la organización social del género. Algunas conclusiones empezaron a revelarse con nitidez, pasaba que el hombre estaba relacionado con la barbarie, pasaba que el macho ocupaba los cargos derivados de la codicia, pasaba que no había nada de heroico en lo viril y que la valentía estaba en otro lugar. Por su parte, las labores desempeñadas por mujeres, sesudamente clasificadas por las jugadoras, estaban siempre más vinculadas a lo que redunda en beneficio de la sociedad y del planeta, al cuidado de las personas y a la conservación de los espacios naturales, al contrario de los que, dicen, fueron creados a imagen y semejanza del dios ese.

Para finalizar, se coordinó un debate colectivo acerca de los caminos a tomar y los entresijos del ecofeminismo. Que si había que destruir las líneas divisorias de género, que si la justicia es patrimonio de la humanidad; que sí, que había que hacer todo eso, pero no sin antes reconocer el carácter empático y sanador de la feminidad en su lapso histórico; que si estamos de acuerdo pero usamos terminologías discrepantes, que si algo bueno habrá en los hombres; alguien dijo algo sobre los micromachismos, que si eran difíciles de percibir; aportaciones varias. En fin, que yo salí de allí con mi pequeño boceto de una teoría transversal para la libertad y todo el mundo parecía satisfecho. Genial, en cualquier caso.

Nudo con nudo 

Cayó la noche y nos fuimos a cenar a la otra parte del pueblo. En una finca dedicada a celebrar eventos, con una barra en el interior, se estaba preparando todo un banquete de aromas que atraía a las masas. Una vez atravesada la miríada de estómagos en espera, los efluvios nos encandilaron de manera fulminante. Sin lugar a dudas, más de una pensó en su abuelita, gazpacho manchego de verduras y calçotada popular, ya sabéis, cebollinos a la brasa con una salsa que no supe reconocer. Las llamas acariciaban las barbillas de los encargados del festín y desencadenaban las esencias del campo en el aire. Y es que nutrición y comunidad siempre fueron de la mano, al menos allí donde no alcanzó la cochambrosa cultura occidental.Y después, música, melodías de la región. En primer lugar, todos nos arrebujamos alrededor de la calidez de Felah Mengus, una banda de raíz y sonidos folklóricos, con la piel de la huerta valenciana y la sutil influencia de los balcanes y oriente próximo. Su brisa levantina nos hizo vibrar y entonar un sinuoso movimiento, casi imperceptible, que sacudía la estancia. Cantos a la tierra, sin más pretensión. Seguidamente, llegó el turno de Lilith i Dionis, una oferta dirigida al baile jovial y aleatorio. El violín y los vientos ponían el remate a los ritmos de ska, punk rock y reggae. Suscitó mucho movimiento y hasta una espiral de cuerpos llegué a ver, toda una fiesta de banda.

De ahí hasta el amanecer. Un compañero, muy diestro en el arte del vinilo, puso el ritmo en la fiesta durante el resto de la velada. La concentración de alcohol y la deshinibición generó un festival de personas que giraban, rodaban por el suelo, reían para deslagrimarse, es más, una silla en el medio con alguien sobre ella, dispuesto a ser sacrificado por el aquelarre en corro que danzaba en un círculo mágico alrededor del condenado o condenada a muerte. Otros preferían retirarse a conversar sobre las trascendencias más enloquecidas y premonitorias, qué hacemos con esta historia que nos han legado, qué hacemos con la humanidad, parece confusa y desvalida.

Poco a poco, el jolgorio fue cruzando los brazos y bajando la cabeza, poco a poco, nos quedamos sin palabras, se rompieron las bombillas, se acabó la jarana.

Horizontes y navíos

Un martillo que no cesa de golpear el parietal, me enderecé confundido, con la respiración pedregosa y hedores de vertedero. Una vez ataviados para un nuevo día, salimos a la calle y el sol nos recordó el rugido estentóreo de la noche anterior. Estuvo muy bien.

Cuando arribamos al punto de encuentro, la gente se encontraba dispuesta en un círculo de sillas mientras esperaban su vez para expresar las conclusiones e inquietudes que les provocó la Trobada per la Terra. Las intervenciones se sucedieron en riguroso orden por dos razones principales: ayer fue un día duro y, además, la naranja valenciana cumple su cometido a la perfección. Esta fruta, que reflejaba el guiño rutilante del sol, no era más que otro gesto cómplice a la huerta campesina que pasaba de un regazo a otro para coordinar los turnos.

Se cruzaron un par de decenas de experiencias, con una expresión casi compartida de dichoso cansancio tras las vivencias de aquella congregación de voluntades risueñas y resueltas a participar de la revolución colectiva. Con tranquila satisfacción, un agricultor expresó su transformación. Nos explicó que la primera vez que vino a la Trobada, aterrizó con una mirada inflexible y la intención de encontrar una solución a todos sus problemas, lo que, al parecer, produjo más de una disputa en contraste con la visión comunitaria e integradora de los activistas. Ahora, en su tercera visita, creyó asimilar el objetivo de todo proceso de emancipación: construir futuro entre todas y todos. Sencillo de entender y arduo de caminar, pues sólo somos un faro minúsculo en la historia pero capaces de arrojar luz.

Declaración tras declaración, la fatiga se disipó mientras crecía el impulso emocional que mantendrá la combustión de nuestro compromiso. “Madre mía, cuanto hemos aprendido de la vida y las personas”. Con esta sinergia, desmochamos en corrillo la lanza destinada a matar a la bestia capitalista. Golpe a golpe, verso a verso.Foto 7

A continuación, se escenificó un microteatro inspirado en el Plan General de Ordenación Urbana de la Comunidad Valenciana, que recoge las codiciosas ambiciones del terrorismo corporativo de la contrucción para más desdicha de las zonas rurales. Algunos labriegos se encontraban en otro día de sudor para el cultivo, felices, inmersos en su rutina. Cuando, sin previo aviso, las fuerzas de represión del Estado aparecieron con la orden de robar la tierra de las personas para dársela a los ricos. Su arma principal, la agresión, dejaba paso a la quimera encarnada en la nueva normativa de ordenación territorial que pretendía enajenar los recursos del pueblo una vez más. Pero, esta vez, no pudo hacer nada, el puño del dragón popular pateó los culos del poder para regresar a su casa y vivir en paz. Con esta grandiosa victoria, abajo el telón y fin de la función.

Después, a comer y recuperar energías que falta el camino de regreso. Disfrutamos con el sabor de una paella de verduras exquisita y con la compañía de las mejores. Unos cigarritos, unos cafés y a recoger. Al final, despedidas emotivas, como no podía ser de otra forma, intercambio de direcciones, números de teléfono, deseos hermosos y recíprocos y agitar los brazos en la distancia.

Aún así, pese a que la Trobada per la Terra había cerrado su quinta edición, algunos nos quedamos para tomar algo en la plaza del Xaló, tan encantadora bajo la cúpula tupida de nubes y envuelta en un aire gris y sosegado. De esta manera, reímos por última vez, supimos algo más y recogimos el afecto que faltaba. Por si eso fuera poco, probamos un chocolate artesano en cazuela que se vertía humeante sobre las tazas y se filtraba de los labios a las fibras corporales como un bálsamo reconfortante. Qué rica está la devoción por un oficio, qué bueno fue veros a todos, nos vamos con el pecho henchido porque somos capaces de todo. Adiós, amigas y amigos, nos vemos en la brecha del sistema.

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Un comentario en “Éxodo Rural

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